
Una comunidad energética en territorio rural es algo más que un conjunto de instalaciones de
generación y una infraestructura técnica de distribución y consumo. Es también un proceso
de diálogo en el municipio acerca de la energía que necesitamos para una vida buena, digna y
sostenible, para las personas que habitamos el entorno rural y las que están por venir.
Un diálogo a múltiples bandas con perspectiva de género, que tenga en cuenta y dé voz a la cultura
energética tradicional de nuestro pueblo, a las familias y sus necesidades, y en especial a la población
joven que está buscando oportunidades para vincularse (o volver) al entorno rural y atesora un mayor
conocimiento y sensibilidad ambiental.