
Siempre se dice que legislar en caliente es intentar hacer ordinario aquello que, en un determinado momento, es extraordinario. Por esta razón y bajo esta premisa, el presente documento no trata de proponer cambios pensando exclusivamente en los sucesos acaecidos durante el periodo que transcurre desde el 8 de enero hasta el 15 de enero de 2021, en el que el precio casado en el mercado mayorista ha sido comparativamente mucho más alto, sino para que el precio de la electricidad responda, en todas las horas del año, a criterios de transparencia y correspondencia con los costes que lo originan, sin perder de vista que estamos hablando de la señal de precio de un bien escaso, básico y de primera necesidad para toda la población. Por otro lado, es importante destacar que en este documento, como en la mayoría de los elaborados por la Fundación Renovables, hablamos y nos enfocamos en la electricidad, porque la consideramos el vector energético por excelencia para disponer de un sistema energético sostenible, eficiente e independiente de agentes externos. Desgraciadamente, esta situación es irreal en la actualidad, porque nuestra política energética no apuesta ambiciosa y decididamente por la electricidad como refleja que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establezca para 2030 un 27% de cobertura de la demanda final con electricidad, teniendo en cuenta que en la actualidad es del 22%, después de haber perdido 3 puntos porcentuales en los últimos años